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Un menú en otro idioma hace que los platos sean más apetitosos

Un menú escrito en otro idioma distinto al nuestro hace que los platos sean más apetitosos, reduciendo la aversión a ciertos alimentos no deseados. Según un estudio de la Universidad de Chicago, esta estratagema ayudaría a presentar mejor las opciones eco sostenibles, como son los insectos o la carne cultivada en laboratorio.

Un menú en otro idioma para presentar mejor los alimentos que no son particularmente atractivos es un truco que los restauradores de medio mundo han usado desde siempre. La Universidad de Chicago investigó sobre el tema y quiso demostrar cómo el hecho de proponer platos en otro idioma podría ayudar a resolver la aversión de los consumidores hacia algunos tipos de alimentos que son más ecológicos, pero no muy apetecibles, al menos para nosotros los occidentales, como pueden ser los insectos y la carne diseñada en un laboratorio.


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Cuestión de sonido

Es indudable el hecho de que «escargot» tiene un sonido mucho más delicado que «caracoles cocidos» y que «canard à la Rouennaise» suena armonioso y nos hace olvidar que es una salsa hecha de vísceras y huesos prensados ​​de pato. El lenguaje es una herramienta poderosa y al parecer, podría ayudarnos a superar ciertas barreras culturales que evitan que ciertos alimentos ecológicos a la par que poco apetitosos echen raíces en Occidente.

Un menú en otro idioma caracol

El «truco», según un estudio reciente de la Universidad de Chicago publicado en la revista Nature Sustainability, sería simplemente disfrazar la naturaleza del plato detrás de una cortina de palabras en otra lengua capaz de describir el plato en sí, pero que al mismo tiempo logre evitar esas conexiones emocionales íntimamente relacionadas con nuestra lengua materna.

Agua purificada, galletas de insectos y carne de laboratorio

Para demostrar su teoría, los investigadores estadounidenses realizaron tres estudios independientes que miden las reacciones a alimentos como el agua purificada proveniente de aguas residuales, galletas a base de gusanos y carne artificial cultivada en laboratorio. Los participantes eran hablantes nativos de alemán, italiano y holandés, que habían aprendido inglés o alemán como segundo idioma. Los investigadores presentaron sus platos en el idioma nativo de los participantes y en el caso del grupo de control en su segundo idioma. Los resultados fueron bastante interesantes.

Un menú en otro idioma

De los que habían leído la descripción del producto en su lengua materna, solo el 18% dijo que estaba dispuesto a probar una muestra de galletas de gusano o la carne artificial, mientras que el 40% se negó por completo a probar carne de laboratorio y 55 % no quería saber nada sobre las deliciosas galletas de gusanos. Sin embargo, cuando se presentó en el segundo idioma, solo el 25% desechó por completo la idea de probar la carne cultivada en el laboratorio y solo el 35% dijo un «no» rotundo a las galletas de gusanos. Además, al describirse en otro idioma, el agua purificada proveniente de las alcantarillas experimenta un aumento del 12% en la aceptación para el consumo en comparación con cuando se describe en la lengua materna.

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«Cuanto más lejos de la mente más cerca de la boca» se podría decir. El secreto reside en el hecho de que nuestra lengua materna está llena de resonancias emocionales vinculadas al uso constante en contextos con alta carga emocional. Un idioma extranjero, precisamente debido a su uso más moderado, logra crear ese desapego emocional al describir el fenómeno de una manera comprensible. Es así como, los caracoles a la sartén, la salsa de entrañas de pato, las galletas de gusanos o la carne artificial se vuelven un poco menos repugnantes en nuestra cabeza. ¿Un engaño? Quizás, pero el fin justifica los medios…

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Denis Venturi
Laureato in Scienze Politiche e Comunicazione Pubblica, ha lavorato in radio e nel tempo libero si dedica alla scrittura creativa. Da sempre appassionato di cultura, scienza e tecnologia è costantemente a caccia di nuove curiosità in grado di cambiare il mondo in cui viviamo.