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Alimentos demasiado baratos: pagan la salud y el medio ambiente

Muy a menudo nuestra salud y el medio ambiente son los que pagan que la comida sea tan barata. No se trata de una simple reflexión teórica, sino de una verdadera losa que pesa sobre el sistema sanitario de muchos países, obligado a sostener a ciudadanos con una dieta que a menudo es poco saludable. Si esta parte del problema afecta en general a los países más desarrollados, el cambio climático provocado por un sistema agroalimentario demasiado intensivo está afectando a los países más vulnerables desde el punto de vista económico.

Alimentos demasiado baratos

El lado negativo de la comida demasiado barata

«Nuestra salud y la salud de la Tierra están intrínsecamente ligadas, pero en los últimos 70 años esta relación se ha roto», así resume el informe publicado por la Food, Farming & Countryside Commission la situación actual, haciendo hincapié en la necesidad de un repentino cambio de rumbo. El documento ha sido leído por el Secretario de Medio Ambiente inglés, Michael Gove, que ha reconocido el contenido y el mensaje propositivo del texto.

Los expertos, además de describir los límites del modelo actual, han dejado bien claro cuáles son en su opinión las posibles soluciones. Parece que la respuesta está ligada en gran medida a los jóvenes, a los que hay que animar a que vuelvan a trabajar la tierra. Y no estamos hablando de agricultura tradicional, sino de métodos orgánicos y no intensivos, con el fin de devolver la tierra a sus orígenes.

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El mismo razonamiento se aplica al ganado: los animales deberían volver a los pastos, consumiendo hierba y no cereales – hablamos del ganado bovino. Nada de cría intensiva, sino una vuelta a los ritmos relajados que encontramos en la naturaleza. Pero lo que los expertos subrayan es la necesidad de actuar rápidamente: los próximos 10 años serán fundamentales para el sistema agroalimentario mundial.

El concepto que el informe quiere impulsar se conoce como agroecology; la idea es promover las actividades relacionadas con la producción de alimentos, especialmente cuando están en sintonía con los bosques y, en general, con la naturaleza. Desde este punto de vista, los expertos también exigen una mayor producción de legumbres, un alimento de gran utilidad para nuestra salud. En definitiva, sería conveniente aumentar significativamente las ayudas económicas a los agricultores, con el fin de atraer a nuevos jóvenes campesinos y acompañar a los más experimentados en la transformación de un modelo más compatible con la naturaleza.

Porciones experimento
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Porciones pequeñas para comer mejor: lo dice un estudio

Acostumbrarse a comer porciones pequeñas con el tiempo podría cambiar nuestro concepto de porción «normal» y ayudarnos a comer de forma más saludable, sin grandes cantidades de alimentos y sintiéndonos satisfechos. Este es el resultado de un estudio de la Universidad de Liverpool publicado en la revista American Journal of Clinical Nutrition.

Porciones pequeñas

Porciones más grandes

Elegir porciones más pequeñas puede ayudarnos a cambiar nuestra percepción de lo que es una porción «normal» y ayudarnos así a alimentarnos de manera más equilibrada. Durante el siglo pasado, las porciones de alimentos que están en el mercado, especialmente en los supermercados, han ido aumentado constantemente. Si alguien ha tenido la oportunidad de comprar ciertos productos en los supermercados de EE. UU. sin duda se habrán encontrado con superpaquetes como el temido tetrabrick de leche de un galón americano (3.7 litros).

De acuerdo con psicólogos y nutricionistas, la tendencia a la sobrealimentación pasiva, es decir, la tendencia a tomar más nutrientes de los necesarios de forma involuntaria, también se debe en parte a la idea de lo que consideramos una porción «normal». De hecho, esta porción a menudo es más de lo que nuestro cuerpo necesita.

Porciones grandes

Un experimento en tres pasos

Investigadores del Instituto de Psicología, Salud y Sociedad de la Universidad de Liverpool querían probar esta hipótesis. En una primera fase del experimento, a una serie de personas se les ofreció una comida compuesta por una quiche y ensalada en porciones de diferentes tamaños: pequeñas y grandes. Para no revelar el verdadero objetivo de la investigación a los participantes, se dijo que el experimento estaba dirigido a investigar los efectos de los alimentos en el estado de ánimo. El mismo día, a los mismos participantes se les ofreció la misma comida, pero esta vez los sujetos podían servirse ellos mismos y elegir una porción a su gusto. En la tercera fase del experimento, que tuvo lugar una semana después, se les preguntó a los participantes cuál era su porción favorita de quiche y ensalada.

Porciones experimento

Los resultados mostraron que las personas a las que se les sirvieron porciones pequeñas en realidad cambiaron su percepción de lo que era una porción «normal» de comida. Las personas en cuestión eligieron porciones reducidas de forma autónoma, lo que sugiere la posibilidad de que puedan repetir esta elección en el futuro.

Pequeñas porciones para contrarrestar el exceso de consumo

Según el investigador Eric Robinson, la reducción de las porciones actualmente disponibles en el mercado podría ser una forma efectiva de reducir la ingesta excesiva de alimentos y reducir la obesidad en la población. Para Robinson, de hecho: «Si las porciones de los productos en el mercado fueran más pequeñas, la gente podría recalibrar lo que considera normal y terminar reduciendo la cantidad de alimentos que decide ingerir».

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Sin embargo, a partir de los resultados, no está claro cómo puede perdurar en el tiempo el efecto de las porciones pequeñas. Los investigadores señalan que el efecto fue más pronunciado el día después de la primera toma y menos marcado una semana después. Sin embargo, si las porciones pequeñas fueran una realidad generalizada y constante, probablemente la ingesta excesiva de alimentos se reduciría en gran medida.

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NutriciónSalud

Qué es la macrobiótica

Para explicar qué es la macrobiótica, nos puede resultar útil partir de la palabra en sí, compuesta de Makros, traducible como «largo, grande» y Bios, «vida». Este es el objetivo de la macrobiótica, una dieta que considera a los alimentos como una herramienta para mejorar nuestra salud. La base de esta dieta es estrictamente filosófica: los alimentos se distinguen entre los Yin y los Yang, y deberán combinarse correctamente para alcanzar el equilibrio entre fuerzas antagónicas y complementarias.

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Alimentación macrobiótica

Uno de los mejores expertos en nutrición macrobiótica, Yukikazu Sakurazawa, la describió como una «aplicación en la vida cotidiana de los principios de la filosofía oriental». Por esta razón, el simple hecho de comer se ve como un momento fundamental para mantener en equilibrio las dos fuerzas que gobiernan el universo, distinguiendo también los alimentos en dos categorías.

  • Alimentos Yang: los alimentos Yang son los que generalmente contienen más sodio, tienden a tener un sabor más salado y se consideran de alta alcalinidad.
  • Alimentos Yin: en el lado opuesto tenemos alimentos Yin, los que contienen más potasio. Son alimentos con un sabor más dulce y picante y generalmente tienen un alto grado de acidez.
Alimentación macrobiótica

No es una versión simple de una dieta vegetariana, como algunos piensan, sino que se basa en algunas consideraciones más «metafísicas» sobre los alimentos. Pero en la práctica, entonces, ¿qué come una persona que come esta dieta en particular?

  • Verduras y algas, en un 20-30% de las comidas, tanto crudas como cocidas: repollos, zanahorias, hinojo, calabacines y judías verdes.
  • Legumbres, en un 10-20%, que pueden ser los clásicos que todos conocemos como alubias, lentejas y garbanzos o alternativas más orientales como el tofu.
  • Cereales integrales, deben componer el 50% de la dieta, y refinarse lo menos posible, en primer lugar, el arroz, pero también son muy apreciados el trigo sarraceno, el maíz y la avena.
  • Fruta fresca para terminar, siempre muy importante y sin añadirle azúcar.
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A estos alimentos se agregan algunas reglas que según la macrobiótica serían muy importantes de seguir, entre las cuales las más fundamentales seguramente son evitar los alimentos procesados ​​con sustancias artificiales y masticar muy bien. Luego, el café, la miel, el azúcar y todos los alimentos que los contienen deben eliminarse por completo. Hay que decir que la macrobiótica no tiene una sola perspectiva posible, de hecho, hay muchas corrientes dentro de esta filosofía que ofrecen interpretaciones que son radicalmente diferentes de la original y que además critican las otras variantes.

Nos gustaría cerrar con un punto a tener en cuenta: muchas de las teorías que subyacen en la macrobiótica carecen de rigor científico, desde la acidificación o alcalinización de la sangre hasta las energías de los alimentos. Incluso Cancer Research UK ha declarado oficialmente que no hay evidencia de que los macrobióticos puedan tratar o curar ni el cáncer ni cualquier otra enfermedad. Si a esto se le añade el hecho de que este régimen alimentario excluye varias categorías de alimentos, existe una posibilidad seria de incurrir en déficits nutricionales, como carencias de hierro o vitamina B12. Cuando se trata de la nutrición, y especialmente para los más pequeños, siempre es mejor ponerse en manos de un experto.

La información contenida en este artículo está destinada únicamente a fines informativos y divulgativos y no debe entenderse de ninguna manera como un diagnóstico, pronóstico o terapias para sustituir a cualquier fármaco en curso. Bajo ninguna circunstancia, reemplace a un médico especialista. El autor y el sitio rechazan cualquier responsabilidad con respecto a cualquier reacción no deseada.

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¿Qué cambiaría si decidiéramos hacernos todos vegetarianos?

Es innegable: si todos decidiéramos volvernos vegetarianos mañana, el beneficio, no solo para los animales sino para todo el planeta, sería enorme. ¿Pero cómo de grande? Los investigadores del Weizmann Institute of Science plantearon este problema y cuantificaron la magnitud del fenómeno. Los increíbles resultados de su investigación han sido publicados en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.

Qué cambiaría si decidiéramos hacernos todos vegetarianos

El costo de oportunidad de una dieta basada en carne

En economía hay un indicador llamado «costo de oportunidad» e indica el costo «oculto» que proviene de elegir una alternativa ineficiente frente a opciones más ventajosas. Hay varias razones para hacer una elección ineficiente, como un hábito consolidado, restricciones culturales o falta de información. Tomamos una decisión ineficiente, por ejemplo, cuando insistimos en usar una bombilla incandescente en lugar de un LED.

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¿Y qué tiene todo esto que ver con la comida? Se estima que aproximadamente un tercio de los alimentos producidos para el consumo humano en el mundo se desperdicia de alguna manera: bien porque no cumple con los estándares establecidos para la comercialización o porque excede la fecha de caducidad una vez que llega a las estanterías. Sin embargo, el mayor desperdicio no incluido en esta estimación es el «costo de oportunidad» de elegir un tipo de dieta sobre otra, como elegir una dieta basada en carne en lugar de una basada en vegetales.

Una medida para el desperdicio «encubierto» de la comida

Para describir el fenómeno, los científicos del Weizmann Institute of Science en Rehovolt, Israel, acuñaron el término «oportunidad desaprovechada» y calcularon cuánto cuesta en términos de alimentos no producidos asignar una parcela de tierra a la cría de animales en comparación con el cultivo de plantas. Los resultados son sorprendentes.

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Tomando solo a los Estados Unidos como ejemplo, los científicos han calculado que, si la superficie que ocupan todas las granjas de ganado del país se empleara para cultivar verduras, se producirían alimentos suficientes para alimentar a aproximadamente 350 millones de personas más. La investigación comparó los recursos necesarios para la producción de las principales categorías de alimentos, como ternera, cerdo, aves de corral, productos lácteos y huevos, con los recursos necesarios para producir la misma cantidad de nutrientes en términos de proteínas y calorías. Los datos muestran cómo un cambio a cultivos vegetales podría producir de 2 a 20 veces más de proteínas por hectárea.

La ganadería es lo más ineficiente

Los resultados más impactantes se los llevó la carne de res. Los científicos de Weizmann han calculado que en un suelo capaz de producir 100 gramos de proteína cuando se cultiva con plantas, cuando se emplea para la cría de la carne de vacuno produciría tan solo 4 gramos de proteína. En términos de «oportunidades de desperdicio», es un 96% de desperdicio. La cría de cerdos se queda en el 90%, el 75% para la leche y los productos lácteos, el 50% para las aves de corral y el 40% para los huevos.

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«Nuestro análisis ha demostrado cómo una elección de dieta basada en plantas puede eliminar más residuos que todas las otras causas por las que se desperdicia comida» Esto es lo que comenta el Dr. Alon Shepod, quien condujo la investigación. ¿Qué pasaría si todos decidiéramos volvernos vegetarianos? Más allá de las discusiones éticas sobre alimentarse con un ser vivo, pues simple y llanamente estaríamos tomando la elección más eficiente.

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¡Come verduras!: Los jóvenes nos escuchan más de lo que parece

La lucha diaria de los padres por que sus hijos coman verduras no es ninguna pérdida de tiempo. Aunque es difícil que, por mucho que insistamos, los niños terminen adorando la ensalada, el brócoli y la menestra, el mensaje subyacente acerca de los beneficios de una dieta saludable parece calar hondo incluso entre los adolescentes más reticentes. Una investigación de la Universidad de Stanford, en Estados Unidos, ha mostrado cómo las normas de alimentación saludable que se llevan a cabo en casa terminan afectando las elecciones autónomas de los niños.

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Los adolescentes saben más de lo nos creemos

Los investigadores de Stanford entrevistaron a 1264 adolescentes del área de la Bahía de San Francisco, preguntando cuáles eran sus creencias sobre la comida, la actitud de sus padres hacia la comida nada y las normas y prácticas de alimentación en su familia. Contra todas expectativas, los niños estaban más preparados de lo esperado, demostrando que conocen la diferencia entre alimentos sanos y los que no lo son.

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Sin embargo, los investigadores estaban interesados ​​en verificar las elecciones que los adolescentes hacían de forma independiente. A los jóvenes se les ofreció como recompensa poder elegir entre un snack sano y otro menos sano. Los snacks sanos incluían, por ejemplo, yogur, humus con pretzel o trozos de fruta. Los no tan sanos incluían gominolas, galletas de mantequilla y de chocolate y patatas fritas.

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Los resultados mostraron que los adolescentes que afirmaron tener al menos una norma relacionada con la alimentación sana en casa eran mucho más propensos a elegir un snack «saludable», incluso sin la supervisión de sus padres. Además, los niños con estas normas en sus casas aseguraron sentirse mejor cuando tomaron la decisión saludable y se sintieron culpables cuando optaron por la menos saludable. Según los investigadores, esto muestra cómo «Las normas sobre la alimentación surgidas dentro del entorno familiar continúan influyendo en las percepciones y elecciones de los niños, incluso cuando los padres no están presentes».

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La próxima vez que alguien de la familia se niegue a comer verduras, piensa que incluso aunque estés perdiendo está batalla, no has perdido la guerra y el mensaje ha calado. Insistir un poquito a nuestros jóvenes en comer alimentos saludables puede traerles beneficios concretos una vez lleguen a ser adultos. Asique ya sabes, ¡esto es una carrera de fondo!