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Menta: entre leyenda y propiedades legendarias

Su aroma es más que característico, su historia increíblemente intrincada. Estamos hablando de la menta, una planta aromática extremadamente fácil de cultivar incluso en casa o en un simple jarrón, pero que aún esconde algún que otro secreto interesante.

La ninfa Myntha

Ovidio, en su Metamorfosis, habla de Plutón, dios del Hades, que se enamora perdidamente de una ninfa, Myntha, tanto que decide que no puede resistir sin tenerla. Proserpina, esposa del dios y reina del inframundo, no estaba muy de acuerdo. Una vez que se enteró de la relación secreta, decidió que la culpa era de la seductora y embaucadora ninfa, y decidió convertirla en un vegetal.

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Al no poder hacer otra cosa, como último gesto de amor, Plutón decidió darle a la planta su típico y embriagador perfume. Por lo tanto, según Ovidio, la planta aromática que todos conocemos se originó, en un oxímoron interesante entre la frescura absolutamente típica de la menta y el ardiente calor de la pasión. Para coronar el castigo llegó Deméter, quien para castigar las finas artes eróticas de la ninfa la condenó a no tener ningún fruto.

Orígenes inciertos

Más allá de la historia de sus orígenes mitológicos, no se sabe con certeza absoluta dónde nació, las fuentes se dividen entre Europa, Oriente Medio y China. Sin embargo, una cosa es cierta: ya en el antiguo Egipto esta planta se cultivaba y utilizaba ampliamente como medicina. Lo sabemos gracias al papiro de Ebers, encontrado en 1862 y que data de alrededor de 1550 a.C., en el que se enumeran más de 600 especies de plantas en uso en ese período histórico, recogidas en un escrito de unos veinte metros de largo. Ya en ese momento se conocían sus propiedades digestivas y, probablemente, su cultivo ya se practicaba en Mesopotamia, incluso si no hay fuentes fiables que puedan corroborarlo. Posteriormente, también encontramos referencias a esta planta en la Biblia, de la cual, gracias a algunos pasajes, podemos deducir que los judíos no solo la cultivaron, sino que también le impusieron algún que otro impuesto.
Propiedades

Las propiedades de la planta son innumerables y la mayoría de ellas están relacionadas con el mentol, el ingrediente principal del aceite esencial extraído de ella y la principal causa del característico aroma de la menta. En primer lugar, es ampliamente utilizado en casos de mal aliento, basta con mezclar algunas hojas frescas y agua; también es capaz de reducir el volumen de los gases intestinales, encontrando su sitio también como remedio en casos de intestino inflamado.

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A menudo se añade a productos cosméticos por su efecto calmante y refrescante, y en algunos casos puede actuar como anestésico suave. También se puede utilizar en forma de té de hierbas, explotando sus propiedades descongestionantes, y aquí es donde cobra sentido su uso en la medicina ayurvédica y china contra la fiebre, los resfriados y el dolor de garganta.

¿Y si también te hiciera perder peso?

Una aplicación interesante cuyo estudio aún se está llevando a cabo en la Universidad de Padua, señala el mentol como un agente natural fundamental en la pérdida de peso. Los investigadores partieron del principio de que la grasa corporal tiende a ser utilizada por el cuerpo para aumentar su temperatura si hace frío. En particular, de los dos tipos de grasa que tenemos en el cuerpo, la blanca y la marrón, es la último la que se usa para estabilizar la temperatura corporal.

menta perder peso

¿Qué tiene que ver todo esto con la menta? La sensación fresca que experimentamos al masticar una hoja no es solo una ilusión, por el contrario, algunos receptores en nuestras células son engañados por el mentol, lo que hace que el cuerpo crea que está frío. Una vez establecido esto, los investigadores demostraron que al tomar las células lipídicas blancas y hacer que entren en contacto con el mentol, estas tienden a adoptar las características del tejido adiposo marrón, por lo que estarían disponibles para suministrar calor al cuerpo.

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Limonana: el refresco sin alcohol y completamente natural para hacer en casa

Hoy hablamos de la Limonana, una bebida típica de diferentes países del Oriente Medio y que cuenta con una historia muy interesante tras ella. No necesitas irte hasta Chipre o Jordania para probarla, solo necesitas hielo, limón, azúcar y menta, para disfrutar tranquilamente de este refresco natural y sin alcohol. Sin olvidar, por supuesto, la extraña historia que se esconde tras su nombre.

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Una historia inesperada

Históricamente se cree que este refresco puede haber estado de moda ya en la antigüedad en Siria o Turquía. La relativa facilidad para encontrar los ingredientes y la simplicidad de la preparación resultaron en esta bebida, mientras que la adición de hielo podría ser una característica de las variantes para los más pudientes que eran los que podrían permitirse esta costosa adición.

Pero la historia, al menos en lo que respecta al nombre, tiene un origen completamente diferente. En la década de 1990 en Israel, la publicidad en los autobuses todavía estaba en pañales (verás el vínculo en seguida, no te preocupes) y era necesario demostrar su eficacia. Entonces, una innovadora agencia de publicidad algo más avispada que las demás decidió lanzar una campaña para un nuevo producto llamado – sí, lo has adivinado- limonana.

limonana

Este nuevo refresco apareció en tantos vehículos que se convirtió en la bebida de moda de todas personalidades famosas del Israel de la época. El éxito fue tal que la gente acudía a los locales pidiendo esta limonana y después de tan solo dos semanas, la agencia tuvo que admitir que el producto no existía. Mientras tanto, sin embargo, bares, restaurantes e incluso compañías de bebidas se apropiaron de esta receta tan simple y comenzaron a ofrecerla con ese nombre. De la noche a la mañana, esta limonana fresquita y aromática con mucha menta se convirtió en el refresco natural preferido para muchos.

Cómo prepararla en casa

Para empezar, necesitarás estos ingredientes tan sencillos:

  • 3 limones grandes
  • 4 cucharadas de azúcar glas
  • 10 gr de menta fresca
  • 500 ml de agua
  • Hielo

La receta es muy simple, solo tienes que lavar las hojas de menta, y mezclarlas con el azúcar glas colocándolas en el vaso de la licuadora. Llegados a este punto, exprime los limones y pásalos por un colador, luego agrega el zumo al resto de los ingredientes, y continúa mezclándolos a velocidad mínima, mientras vas agregando el agua. Sírvela muy fría en vasos con algunas rodajas de limón y hojitas de menta fresca. ¿Qué puede haber más fácil que esto?